El papá le dijo a su hijo que se abrigara bien porque a donde iban a ver estrellas, sería en campo abierto y era época invernal. Bajaron del auto, con su telescopio y una cobija para poder tumbarse en el piso y contemplar el cielo. Solamente la luz de la luna los iluminaba. La lluvia de las úrsidas dejaba verse en todo su esplendor. El niño veía asombrado aquel espectáculo, mientras el padre acomodaba el telescopio para poder apreciar la luna.
-Papi, ¿por qué esa estrella se ve más grande que todas y sigue creciendo?
El padre volteó a ver de que se trataba y no podía creer lo que sus ojos veían. Una luz cegadora irrumpió en el cielo, como si en plena noche estuviera saliendo el sol. Fue lo último que vieron antes de que un gran impacto sacudiera toda el área.