Microcuento de Gabriel
Vega
Microcuento de Gabriel
Vega
Quiero una cabaña en medio del bosque, lejos de todos, con muchos árboles frutales y algunos animales; una vaca para ordeñarla todas las mañanas; una gallina para tomar huevos cada día y un burro para poder viajar cuando necesite hacerlo. Ver correr el agua del río mientras me asomo por la ventana. Dentro de la cabaña, deberá haber una chimenea para, cuando llegue el invierno, cortar leña y tener un poco de calor. Además, una cama gigante con cobijas gruesas para no pasar frío. Quisiera poder vivir cómodamente. Que mi familia no tenga que pasar lo que yo para poder llevarse un pan a la boca...
—Listo, verdugo. Ponga la capucha sobre la cabeza del condenado y prepare la soga.
Autor: Gabriel Vega
Me encanta tocar el piano, amo tocar cada tecla y que la gente se emocione, vibre, goce... me gusta cuando estoy sentado frente a mi majestuoso piano; su tamaño es tan imponente que solo Liszt, Chopin o el mismísimo Beethoven, sabrían darle un uso digno, pues podrían hacerlo sonar con las más hermosas melodías con tan solo un movimiento de dedos. Ellos mismos me han enseñado a tocarlo, suelo hablar con ellos muy a menudo, somos como amigos. Me han enseñado cómo hacer sonar un tronco de madera igual que mi piano. Cuando lo descubrí, no lo podía creer. En sueños, me ayudan a componer las melodías que ellos dejaron inconclusas, de hecho, me confesaron un pequeño secreto y fueron muy puntuales en que no lo revelara, espero no perder su amistad por esto: me dijeron que al amanecer prestara atención al canto de los pajarillos, por eso ando en los parques que es en donde abundan. Así es como van tomando forma las melodías en mi cabeza. Y no lo negaré, padezco un complejo de director de orquesta porque cuando ya tengo listas las nuevas melodías, me gusta dirigir los movimientos de cada una de las notas que lleva el viento para que los árboles las interpreten y entreguen música.
-Mami, ¿por qué ese señor está moviendo sus manos frente a los árboles?
-Hazte para acá, hijo. Quedó loco ese señor, nadie sabe porqué, pero dicen que en sus mejores tiempos tocaba muy bien el piano.
Este parque es tan bonito, me gusta aquí porque puedo ver cómo se divierten los niños y disfruto ver lo que les compran. Por allá algunos niños están jugando fut, otros basket. Las niñas están jugando con sus muñecas. Hay otro montón de niñas y niños jugando a las escondidas. Un niño camina junto a sus papás con un algodón de azúcar. Unas niñas gemelas van con su mamá, una tiene un helado de vainilla con chocolate y la otra de fresa con vainilla. Un niño gordito pasa con una bolsa de papas con mucha salsa y le exprime un limón encima. Una niña llora porque se le cayó su dona al suelo y su mamá la regaña porque ya le había dicho que no corriera. Parece que le van a comprar otra. Yo sí me comería esa dona, solo le quitaba la tierrita.
—Dame cinco chicles, por favor.
—¿De qué sabor, señor?
—De los que sean.
—Aquí están, son $5
—Gracias, niño.
El señor tenía unas tostadas de cueritos que se me antojaron un montón. Me duelen mucho mis tripitas del hambre.
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Enlace para ver el video: "El parque" de Dolores Bárcenas que bien podría relacionarse directamente con este microcuento.
Recuerdo cuánto le pedí a los Reyes esa bicicleta que jamás trajeron... cada año era la misma petición... hasta que yo tuve que robarla entrado en la adolescencia. Tantas carencias y malos tratos que hubo en casa, que me vi orillado a abandonarla. No podía tolerar ver a mi madre siendo violentada; jamás logré que ella pudiera salir de casa y que dejara a mi padre. Ahora ya no está, pero eso ya da igual, porque justo estoy a punto de reunirme con ella, pues aquí tirado sobre el suelo, con el estómago y los pulmones perforados, solo es cuestión de tiempo para dejar este mundo que solo me ha traído desgracia y sufrimiento. A pesar del dolor que siento, también me siento aliviado porque por fin todo va a terminar. El dependiente de la tienda pateó mi arma lejos de mí y me apunta con su escopeta; solo está esperando a que llegue la policía, yo simplemente espero dejar pronto esta vida...