Estamos aquí de nuevo, donde solíamos venir, pues aquí mismo nos vimos por primera vez. Esta temporada el lago no está en su máxima capacidad, pero aún corre un hilo de agua por el río que lo alimenta. Este árbol siempre te gustó porque tenía las hojas rojas, comparado con los demás que las tienen verdes. Siempre quisiste que tuviéramos una cabaña en este lugar, para poder escuchar el sonido de las aves y de los insectos; los amaneceres que yo amo, sobre todo, los primeros rayos de la mañana, y los atardeceres que tú amas y sus últimos segundos antes de que desaparezca el sol. Me duele mucho tu partida, pero aquí estoy, cumpliendo tu última petición de arrojar tus cenizas al río, junto al árbol que te gustaba y en los últimos minutos del ocaso. Te fuiste de este plano, pero regresas de nuevo a casa, y aunque no construimos la cabaña, este es el hogar que siempre quisiste.
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