miércoles, 10 de febrero de 2021

🎹 Genialidad desbordada 🎹


Me encanta tocar el piano, amo tocar cada tecla y que la gente se emocione, vibre, goce... me gusta cuando estoy sentado frente a mi majestuoso piano; su tamaño es tan imponente que solo Liszt, Chopin o el mismísimo Beethoven, sabrían darle un uso digno, pues podrían hacerlo sonar con las más hermosas melodías con tan solo un movimiento de dedos. Ellos mismos me han enseñado a tocarlo, suelo hablar con ellos muy a menudo, somos como amigos. Me han enseñado cómo hacer sonar un tronco de madera igual que mi piano. Cuando lo descubrí, no lo podía creer. En sueños, me ayudan a componer las melodías que ellos dejaron inconclusas, de hecho, me confesaron un pequeño secreto y fueron muy puntuales en que no lo revelara, espero no perder su amistad por esto: me dijeron que al amanecer prestara atención al canto de los pajarillos, por eso ando en los parques que es en donde abundan. Así es como van tomando forma las melodías en mi cabeza. Y no lo negaré, padezco un complejo de director de orquesta porque cuando ya tengo listas las nuevas melodías, me gusta dirigir los movimientos de cada una de las notas que lleva el viento para que los árboles las interpreten y entreguen música.

-Mami, ¿por qué ese señor está moviendo sus manos frente a los árboles?

-Hazte para acá, hijo. Quedó loco ese señor, nadie sabe porqué, pero dicen que en sus mejores tiempos tocaba muy bien el piano.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario